viernes, 15 de noviembre de 2013

Ruta de Carlos V - 10 de Noviembre de 2013.

  Tomando un café antes de comenzar la ruta.
 
 
El domingo día 10 de noviembre de 2.013 realice en compañía de mi hijo y algunos compañeros del club de montaña Valcorchero la ruta de Carlos V. Este recorrido transcurre entre las poblaciones de Tornavaca y Jarandilla, atravesando montañas y gargantas que alegraron nuestros ojos. Muestra de ello son las imágenes, que después de relatarle la leyenda de rigor les mostrare. En este caso, he escogido la leyenda que lleva por título La Dama Blanca. Y que transcurre durante el reinado de Felipe II, hijo del Emperador Carlos V, y en honor al cual se realiza esta ruta. La leyenda en cuestión relata lo siguiente:
La Dama Blanca
 
Corría el año 1550; el oro venía del Perú en galeones bien custodiados, y acompañando el dulce tintineo, llenos de orgullo y acariciados por doradas esperanzas, también llegaban sus propietarios. Uno de ellos, viejo, corcovado, con los ojos cansados de contemplar tesoros, desembarcaba en Cádiz. Era rico, y con el oro se creía capaz de comprarlo todo: hasta el amor. Se le hizo largo el viaje a la Villa y Corte, pues recordaba que su amigo el médico del Rey quedó tutor de una niña encantadora que ahora frisaría en los veinte años y soñaba en contagiarse de su juventud contrayendo matrimonio con ella. Llegó el perulero, habló con el tutor; nada se consultó con la muchacha, aunque algo se le dio a entender de boda inminente. Y una vez todo dispuesto para la ceremonia, el viejo médico llevó a su pupila al Palacio Real. Don Felipe II habíale siempre demostrado afecto, y en esta ocasión le ofreció como regalo nupcial digno de su grandeza, las trece monedas de oro que habían de servir de arras.
 Vivía la novia en la calle de las Infantas, en una casa de piedra roja, con siete chimeneas y rodeada de un gran jardín. Celebróse el casamiento con gran pompa. El anciano esposo había regalado a la juvenil desposada un magnífico traje blanco, todo bordado con perlas. De encaje de Bruselas era el manto, que le llegaba hasta su borde, y ocultaba su cara y sus ojos enrojecidos por el llanto.
Vino después el banquete, en el que los invitados, obsequiados hasta la saciedad, se tambaleaban en los límites de la embriaguez. Cayó la tarde; los criados encendieron las luces. La novia se había retirado a sus habitaciones, lejos del bullicio. Y en medio de la noche, cuando el perulero, pensando en su felicidad, comprada con su oro, y a costa de las lágrimas de una obediente muchacha, fue a buscarla... no la encontró; alarmado, gritó a los servidores, recorrieron la inmensa casa, registraron rincones, repasaron los salones del banquete, sin el menor éxito, y, por último, bajaron a los sótanos. Y allí, en el suelo húmedo, en un aire mohoso, pesado e irrespirable, la encontraron echada. El velo de encaje aún temblaba en su frente. El traje de perlas estaba teñido de rojo. Acercaron los candiles; entre sus manos sostenía el pañuelo bordado; trece monedas de oro, las arras, estaban a sus pies, y un puñal florentino, incrustado con gemas de colores, estaba clavado en su corazón.
Horrorizados, se retiraron en silencio amo y servidores.
¿Quién pudo cometer aquello? ¿Un despechado amante? ¿Un egregio celoso? Aún queda en pie el enigma. Sólo sabemos que de cuando en cuando, en los sótanos de la casa, se oyen gemidos, y dicen que alguien ha visto pasear, como un espectro, en las altas horas de la noche, a una dulce mujer, envuelta en velos, haciendo tintinear en sus manos blancas de cadáver las trece monedas de sus arras.
 
                Y estas fueron las imágenes tomadas:

Ayuntamiento de Tornavacas.
Acebo con fruto.
  Mejor no lesionarse durante el recorrido.
Ya que estos eran los que se encargarían de socorrerte.
Panorámica otoñal del Valle del Jerte.
Caminantes.

Control en el Collado de las Losas,
 llevado a cabo por sus Majestades.

Más caminantes.

10 puntos para la simpática representante
de la organización de la ruta.
  Diversidad de tonos en el paisaje.
El puente “Nuevo” sobre la garganta de La Serra.
En ella la gente repones fuerzas,
 antes de comenzar la subida que nos llevara
 por Robledo Hermoso.
  Otra panorámica de la garganta de La Serra.
La gente llegando a Los Escalerones.
Alto en el collado de Las Yeguas.
Al fondo la Cuerda de Los Infiernillos.

En esta al Fondo se encuentra La Panera.
  Reponiendo fuerzas.
Garganta del Yedrón.
Otro de los controles.
Jorge posando.

Como quedo el amigo.
Este está en mejores condiciones.
Panorámica de la Portilla Jaranda,
tomada desde el puente de Palos.
 
 
 

lunes, 7 de octubre de 2013

Ruta por Campillo de Deleitosa.

-         Preparándonos para el inicio.



El domingo día 6 de octubre hemos desarrollado una actividad de montaña por la comarca de los Ibores y más concretamente en la demarcación del municipio de Campillo de Deleitosa, hemos recorrido los parajes de:  la Sierra del Campillo, la Sierra de Juncaldilla, la Cueva de Juan Candilla, la Garganta Cuernacabras,  y el Acueducto de las Herrerías. El recorrido no es muy exigente, pero sí muy interesante, en él se discurre por diferentes parajes, de los que ninguno te dejara indiferente. Las imágenes que mostrare más adelante, confirmaran lo dicho. Pero antes de llegar a eso, permítanme que les relate uno de los cuentos o leyendas que se cuentan en esta comarca. En esta ocasión lleva por título: La Lavativa.

LA LAVATIVA

Como en todo pueblo pequeño siempre hubo diferencias entre ricos y pobres a causa de esto los hijos tontos de los ricos seguían carreras que los padres compraban para ellos y los hijos de los campesinos sea cual fuere su inteligencia se tenían que quemar al sol detrás de un arado o unas cabras.
Uno de estos terratenientes tenía un hijo muy tonto al que no conseguía sacar ningún provecho por lo que decidió hacerle estudiar una carrera, el hombre no se decidía por ninguna, pero tras mucho cavilar se acordó de un amigo que era decano de medicina y a él le encomendó a su imbécil hijo. Tras estar con el hijo del amigo durante siete años comprendió que este no iba a sacar nada en claro por tanto se encerró con él en una habitación.
- Mira, ya llevas aquí mucho tiempo y cómo tu padre quiere que salgas de médico hemos decidido darte el título.
- Pero como, yo no sé nada de medicina cómo voy a poder curar a la gente si no sabré lo que tienen ni podré averiguar de que padecen, - Por eso no te preocupes tu para todo lo que te digan les recomiendas una lavativa.-¿Una lavativa?
- Si una lavativa, que te van con un dolor de estómago pues les recetas unas lavativas, y así con todo ya que eso no ha matado a nadie. El futuro médico no se quedó muy convencido pero como lo decía el decano le creyó. El padre pago el título y el médico su título. El decano consiguió que le enviaran al pueblo que ya conocemos. El nuevo médico se creó una gran fama ya que soluciono las grandes enfermedades que presentaban los habitantes del saludable pueblo. Catarro que se le presentaba pues lavativa que recetaba. Dolor de muelas de algún paciente pues dos lavativas y así con sus socorridas lavativas se fue creando una gran fama como médico  En el pueblo vivía una pareja que había comprado hace poco un pollino y en a principios de junio este tesoro se les perdió, el hombre ya no dormía el burro era fruto del ahorro de todo un año. - Mira Marido, ya has buscado por todos sitios y no lo has encontrado ¿por qué no vas a ver al médico que ha solucionado muchos problemas y tiene mucha fama? - Pero Mujer, como voy al médico con ese problema, si no estoy enfermo. Anda tonto si él es muy inteligente si sabe cómo curar como no va a saber cómo encontrar un burro. Tanto insistió la mujer en los días siguientes, que el hombre, al final acudió al médico para contarle su problema y claro está el médico vista la gran acogida que habían tenido sus lavativas le recetó unas para solucionar el problema. El pobre hombre se fue a casa dudando de la capacidad mental del médico. Como era posible que para encontrar a su burro tuviera que aplicarse una lavativa. Al llegar a casa se lo contó a su mujer y esta se lo tomó en serio y le dijo que siguiera el consejo del médico, Él al principio no quiso oír hablar del asunto pero finalmente la mujer le convenció y se puso la lavativa. Como es sabido la lavativa lleva consigo una cagalera mayúscula y en aquellos años en las casas no existían cuartos de baño, la gente del pueblo solía salir a las afueras en las traseras del pueblo donde había cercas para hacer sus necesidades. El hombre cuando sintió los apretujones salió corriendo hacia el campo y al lado de unas cercas, en una calleja estrecha, las cuales tenía el trigo sin segar y por tanto estaba muy alto, y Allí mismo, se bajó los pantalones. A tanta presión y con tanta fuerza expulso que traspasó la cerca cayendo entre el alto trigo. -IAH, IAH, IAH. Se escuchó entre el alto trigo un rebuzno potentísimo, ya que el chorro había ido a parar al hocico del pobre pollino. Mujer, mujer - Gritaba el hombre corriendo hacia su casa - El médico es un Genio ha encontrado el burro.

         Y una vez concluida la disertación, pasare a exponerle las imágenes tomadas de la ruta.

Fuente del pueblo.

Sierra del Campillo.

Panorámica de la cuenca del 
Arroyo de Valle Hondo, y el del Colmenar.

Panorámica, con la Sierra del Medio a la 
derecha de la imagen.

 El Risco Gordo en primer lugar, y detrás 
de él: el Alto de las Majadillas con 
la caseta de vigilancia.

Alto en el camino.

Entre canchos.

-         Cualquier sitio es bueno para sentarse.

-         Campillo de Deleitosa.

-         Descendiendo del Collado 
de la Era de las Yuntas.

-         Reuniéndonos en el Puerto.

-         Riscos del Collado del Puerto.

-         Descendiendo de Collado Ancho.

Bordeando el Collado de la Juncaldilla. 

-         Moles en la Sierra de la Juncaldilla.

-         Panorámica con Buitres.

Descendiendo por los cortados 
del Collado de Juncaldilla.

-         Algunos atrevidos transitando 
por él, para ver su espectacular 
verticalidad.

Asomándose al vacío.

Jorge posando al borde del precipicio.

-         Panorámica de uno de los cortados.

-         Descendiendo del Collado de Juncaldilla.

Otra más.

Dirigiéndonos a la cueva de Juan Candilla.

-         Para entrar en ella había que 
realizar una pequeña escalada.

-         Pasando por la estrecha cornisa.

-         Dificultades en el descenso.

-         Cualquier cosa es buena 
para agarrarse en estas tesituras.

-         La cueva de Juan Candilla.

-         Otra más de ella.

-         Descendiendo hacia la garganta de Cuernacabras.

-         Panorámica de la recia Sierra de Juncaldilla.

-         Metidos en el canal de las Herrerías.

-         La “Triquitresa” (Mantis Religiosa).

-         Ruinas de la Herrería.

-         Otra más.

-         Panorámica del Acueducto de las Herrerias.

-         Otra más de él.

-         Y otra.

-         Final del Canal.

Ascendiendo hacia el pueblo 
de Campillo de Deleitosa.

-         Con algo de calor damos 
por concluida nuestra actividad.